Sin embargo, la brecha argentina se hace evidente al comparar el 7,3% de morosidad con los países con indicadores más bajos de la tabla, como Uruguay (1,7%), El Salvador (1,4%) o República Dominicana (1,1%), y con los que completan el podio de mayor irregularidad regional junto al país, como Brasil (4,3%) y Colombia (3,7%).
Este escenario de alta morosidad convive además con niveles de cobertura inusualmente bajos para amortiguar posibles pérdidas. Según el reporte de Felaban, la Argentina es uno de los pocos países en la región, junto con Panamá, cuyos bancos tienen un indicador de cobertura inferior al 100%, ubicándose en un 84%, muy lejos de países como República Dominicana (316%), Uruguay (226%) o Ecuador (210%).
De los préstamos en situación irregular en el país, que totalizan 14 billones de pesos, el sistema bancario tradicional concentra casi las dos terceras partes, mientras que el tercio restante corresponde a las fintech y otros proveedores no bancarios, como cooperativas o tarjetas de cadenas de supermercados y electrodomésticos.
La aceleración de los impagos ganó fuerza tras la reactivación del crédito al sector privado en los últimos dos años, impulsada por la desaceleración de la inflación, la estabilidad cambiaria y la menor competencia de los títulos remunerados del Banco Central.
Si bien esta reactivación del financiamiento ayudó a consolidar la recuperación económica de la actividad general, trajo aparejado un aumento de la irregularidad en los pagos que hoy divide las opiniones en el plano político y económico.
Mientras el Gobierno nacional sostiene que las deudas que afrontan alrededor de 7 millones de argentinos "es un asunto entre privados" y que no intervendrá, analistas y sectores de la oposición recomiendan que el Banco Central tome medidas para auxiliar a los deudores.